Sir Edward o el héroe detrás del héroe
Sir Edward. El Caballero Verde. Paladín del emperador. General del Ejército del Fénix. Un tiempo caballero andante, un tiempo hombre errante, joven idealista y sediento de heroísmo, hombre probado por la guerra y maestro que puede ser, a veces, duro y excesivamente marcial. Guerrero más acostumbrado a la acción que a la paciencia, pero que ha debido aprender a sufrir.
Todos estos podrían ser los títulos de este personaje. Alguna vez he contado que fue, de hecho, el primer personaje en aparecer en la historia de Crónicas de una espada, en un dibujo que aún conservo en una vieja croquera: montado sobre su caballo, escudo al hombro, armadura de escamas como la de los paladines de Carlomagno (al menos según la figurita de plomo que yo tenía) y mirada altiva. Aún no tenía nombre. El siguiente dibujo, si no me falla la memoria, figuraba con un yelmo alado —detalle que luego fue “reciclado” en el personaje de Gódric el Rojo— luchando solo en medio de un campamento: esa escena sería el germen de lo que luego sería el rescate de Elena y Damián, en el Canto II, La Corona de las Montañas.
Pese a todas estas credenciales, sir Edward nunca fue el protagonista de la historia principal. Es probablemente el caballero mejor preparado para haberlo sido. En el Canto III, El Ejército del Fénix, juega a ratos un papel más que protagónico. Y sin embargo, su rol en la historia es la de un mentor para el joven Damián. Un mentor, no como una suerte de “viejo de la montaña” o sensei que ha dejado ya atrás una larga vida desde la que puede impartir su experiencia, sino como un ejemplo que, con los 35 años que tiene cuando entra en la historia de Crónicas, puede ser también un compañero.
Y esto lo convierte en un personaje especial. Edward es la encarnación misma de la caballería, en medio de un mundo que fue y ya no es. Su emblema es el fénix precisamente por eso: porque lucha por restablecer algo que está muerto, con la esperanza de revivirlo. Y como el fénix, nuestro caballero sabe que la resurrección pasa por la prueba del fuego. Él vio caer el Imperio, vio flaquear a los grandes y cómo los “buenos” no estuvieron a la altura. En un determinado momento, pensó que su mundo y la manera en que había vivido no tenían sentido. Muy joven, tuvo que sobreponerse a la muerte de sus ideales. Solo para darse cuenta de que ellos vivían en él, aunque no viviesen ya en nadie más.
Con el tiempo, sir Edward ha ido adquiriendo más y más sentido para mí. Cuando comencé a escribir Crónicas tenía la edad del protagonista (al comienzo Damián tenía 14 años… luego lo subí a 17 cuando yo mismo, mayor, me pareció que 14 eran muy pocos). Ahora ya tengo más o menos la edad del paladín. Edward muestra una persona que ha sabido encarnar un ideal y bajarlo realmente a tierra. Dando el paso de la “pureza” un poco fantasiosa de la juventud al realismo de la edad adulta, sin comprometer sus valores, sino que madurándolos. Es un personaje, además, que ha cometido errores, algunos atroces, y que debe vivir con ello, sin ceder a la tentación de desesperar. En el fondo, aunque tras bambalinas, él también tiene su propio viaje interior, que le posibilita ser el ejemplo que el protagonista necesita… aunque Damián no siempre lo valore ni se dé cuenta.
El arco de sir Edward me parece que puede hablarnos mucho. Es por eso que comencé hace un tiempo, y me gustaría pronto retomar, sus “relatos de su juventud”: el camino recorrido por el Caballero Verde antes de Crónicas de una espada. Allí, él sí es el protagonista. Y vemos a un joven decidido y ambicioso de gloria caballeresca, acaso muy parecido al mismo Damián, aunque bastante más práctico y con un entrenamiento formal en las armas que lo hicieron un guerrero formidable desde los 14 o 15 años. Puedes leer esa historia en este mismo blog; el primer libro, Escudo del bosque, ya está completo. Pero mientras tanto, te dejo los dibujos que inspiraron estas líneas: un seguidor me pidió hace un tiempo un dibujo del Edward joven, y yo no pude resistir hacer también el de Edward maduro, para mostrar en un vistazo la evolución, desde el caballero novel, en busca aún del emblema de su escudo —tan solo el verde de su maestro lleva— hasta el paladín cumplido, ostentando orgulloso el peso de la heráldica del fénix.
Si quieres saber más de este personaje, no dudes en pasarte por los capítulos de su historia en este mismo blog, o descubrirlo en saga publicada, Crónicas de una espada. Y quizás también es buena idea anunciar que tengo una newsletter a la que te puedes inscribir aquí, para no perderte nada de mi contenido.
¡Nos leemos!



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