Parte VII
Sacrificio En el palacio todo era confusión y carreras de los sirvientes de aquí para allá, salvando algunas cosas y lanzándose a la calle. “¡Huid, huid al castillo!” llegaban las voces a cada rincón “¡Ha desembarcado una flota, arrasarán la ciudad, seremos presas de saqueo si nos quedamos aquí!” Horrorizada, Eloísa, prisionera aún, oyó cómo Tubaldo se levantaba y comenzaba una penosa carrera hacia las escaleras. —¡No! ¡Tubaldo! ¡Ayuda! ¡No puedes dejarme aquí! Los pasos se detuvieron, pero no volvieron atrás. El portero estaba indeciso aún. ¿Cómo era posible? —Tub, por favor, si no por mí, piensa en el pobre Orencio, piensa en mi padre, en mi madre… los conoces bien a todos. ¿Cómo te presentarás al castillo dejándome aquí, en manos de los soldados que saquearán Siar? —El gobernador… lord Edwin, me pedirá cuentas de… —¡Lord Edwin te pedirá cuenta estrecha si me dejas aquí! Sigo siendo la criada de su mujer y debíamos esperar a las damas de Gáradras, ¡no condenarme a la deshonra y...