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Crónicas de “una” espada: lo que encierra el título de la saga

 


Que elegir un título significativo y evocador para el libro que estás escribiendo es importante, no es ningún misterio.  Cuando empecé a escribir mi saga, hace décadas, siendo aún quizás demasiado niño, lo sabía ya. Y, sin embargo, eso no significa que sea una operación fácil. 

Si te soy completamente sincero, aún hoy en día no estoy totalmente convencido del título de mi propia obra. Desde el comienzo, consideré que lo que estaba escribiendo era un único, largo, libro. Una sola historia de principio a fin, que acabó por dividirse en cinco cantos, tanto como podría haberse dividido en cuatro, en dos o en tres… y sin embargo, los títulos de esos cantos se impusieron sin esfuerzo, y me gustan mucho: El Lobo de Plata, La Corona de las Montañas, El Ejército del Fénix, El Águila de Oro, El Escudo del Dragón. ¿Suenan bien, no?

Son títulos que, para quien leyó su contenido, representan un aspecto central de la historia narrada en sus páginas. Son imágenes mentales que se relacionan con facilidad con el sistema heráldico que gobierna cada parte. Esta unión entre la letra y la imagen me encanta: es muy medieval. 

Sin embargo, no me ocurre lo mismo con el título de la saga entera: Crónicas de una espada. Pese a ello, creo que es el mejor título posible. Recuerdo incluso haber hecho una encuesta entre mis amigos con una decena de títulos alternativos. Pero me quedé con Crónicas de una espada. 

Tengo mis razones. Como es habitual, esas razones han venido después de que la elección intuitiva estuvo hecha, pero no por ello son menos fuertes. En primer lugar tengo que admitir que esta no era la primera historia que tenía en mente. El primer intento de libro en el universo de las Tierras Occidentales debía tener por título El Caballero Dragón. Seguiría las aventuras de un grupo de personajes enviados a infiltrarse en la montaña-fortaleza de Dágoras para destronar a un malvado Caballero Dragón que usaba sus huestes para, literalmente, hacer arder el mundo. Pero creo que no pasé del primer capítulo, o del segundo. Lo que ocurrió fue que me di cuenta que tenía algo más grande en mis manos. Que para llegar a contar esa historia, tenía que explicar muchas otras. Surgió la idea de las espadas y de los elegidos… y tuve que remontarme hacia atrás. ¡Haría una trilogía! Una novela por cada una de las tres Supremas Espadas. En el primer libro, se explicarían los eventos fundantes del reino que luego estaría amenazado en el segundo libro por el Caballero Dragón, para terminar con un tercer libro más allá aún, en que no solo se revelaría la tercera Suprema Espada, sino que habría que recuperar también las Cuatro Grandes Espadas para enfrentarse a los enemigos de ayer y de hoy. 

Era lógico, entonces, si iba a escribir una historia que se prolongaría por décadas o siglos, utilizar el genérico “crónicas” para aunarlo todo. Y que el título fuera “Crónicas de las espadas” era una evidencia que se imponía por sí misma. 

Solo que el famoso “primer libro” —ese que no estaba previsto y que debía ser algo más que un prólogo de la historia que quería contar— se alargó. Se alargó tanto, que se transformó él mismo en saga de cinco Cantos. Tanto se alargó, que en algún momento decidí desechar las otras dos historias e incluir algunos de sus elementos en la nueva saga. Saga, que seguía siendo, claro, una “crónica”, aunque un poco por herencia de la idea original, más que por otra cosa. Las siete espadas siguen existiendo, están en la Profecía de Luciano el Vidente que abre el libro… pero la saga solo habla de una de ellas, Néoplon. 

Néoplon. Ese podría haber sido un buen título, si se hubiese publicado como una sola novela. Pero queda raro como título de saga. Así que conservé Crónicas, con una ligera modificación que no habrá pasado inadvertida a los atentos: la obra se llama Crónicas de UNA espada, no de LA espada. El artículo indefinido fue una decisión consciente. Y, junto con la estructura en cinco cantos, dice algo importante sobre cómo está pensada esta saga y cómo conviene leerla.

Una sola historia, cinco cantos

Lo primero que conviene saber es esto: Crónicas de una espada no es una saga episódica, en el sentido de cinco novelas autónomas que comparten universo. Es una sola historia, dividida en cinco cantos, que se canta de principio a fin.

Si solo se lee el primer canto —El Lobo de Plata— no se encontrará un final cerrado. Hay una suerte de cierre parcial: el arco del asedio de Siar comienza y termina dentro del canto, y eso da satisfacción narrativa. Pero la historia mayor que quiero contar se abre, se desarrolla y solo cierra al final del quinto canto. El arco del héroe se completa en el final del Canto V, aunque haya muchos arcos menores que se cierran antes.

Por eso, para quien hoy descubre la saga, mi recomendación más sincera es: empezar por el Tomo Único, que reúne los cinco cantos en un solo volumen. Es la mejor manera de vivir la historia completa, como fue concebida.

Las siete espadas y la profecía

Pero entonces, ¿por qué “una” espada y no “la” espada? Aquí entra la mitología interna del libro.

En el universo de las Tierras Occidentales existe una profecía muy antigua —ya tenía un milenio cuando comienza la saga— que habla de siete espadas forjadas en tiempos remotos para auxiliar al mundo en momentos de oscuridad. De esas siete, cuatro se perdieron en la batalla de los Campos Brunos, la batalla con la que se abre la épica. Y quedan tres.

Pero las tres restantes son míticas: para los personajes de la historia, no es claro siquiera que existan. Pueden ser un símbolo, una metáfora, una interpretación de la profecía. 

La saga sigue la historia de una de esas tres espadas míticas. Quise usar el artículo indefinido porque enfatiza algo que está desde los primeros bosquejos: la gesta de Damián de Siar es solo un fragmento de un largo ciclo. Néoplon es una de las Supremas Espadas, no la única. El artículo indefinido deja abierta la puerta, permite entrever que hay más que solo lo contado. Especialmente tomando en cuenta que desde el inicio la profecía nos advierte sobre la existencia de las otras armas legendarias. Simplemente, este no es el momento de su aparición. ¿Llegará ese momento algún día? No lo sé. 

Solo sé que esta es la historia que tenemos. Y esto me permite explicar la segunda parte del título. ¿Por qué conservar “crónicas”, si no sabemos si la narración de los hechos del Imperio continuará en el futuro? Aquí ocurre algo parecido a las antiguas epopeyas. En el mundo clásico había una serie de historias que narraban el regreso de los héroes aqueos después de la destrucción de Troya. Y sin embargo, solo conservamos uno de ellos de entre esta constelación de relatos de viaje: la Odisea. En el mundo medieval las gestas heroicas se organizaban frecuentemente en ciclos o en materias. Y aunque conocemos bastantes de entre ellos, las fuentes nos hablan también de muchísimos títulos perdidos. Las historias épicas tienden a entrelazarse, a ampliarse, a influirse mutuamente, como las ramas de un árbol frondoso. Pero, luego, no siempre conservamos todo. 

Si Crónicas de una espada es un registro de antiguos cantares, que solo hayamos conservado la parte que trata de Damián y el descubrimiento de Néoplon no le quita su título original. Con ello, conservo un poco ese gusto antiguo.

Ahora bien, la historia del nombre no termina ahí. ¿Qué tienen que ver unas crónicas, que son un relato cronológico y en prosa sobre los eventos de un reino o territorio, con un cantar de gesta? ¿Por qué no “Cantar de una espada” o “gesta de una espada”? 

Para esto no tenía respuesta mientras escribía el libro. Pero la tengo ahora, después de pasar años estudiando literatura medieval. Y, francamente, me gusta cómo resultó esta intuición.

Lo oral y lo escrito. El escriba y el juglar

Una cosa que caracteriza las epopeyas antiguas es su tradición oral. Se llaman cantares de gesta porque al inicio se cantaban. Y la forma más adecuada para el canto y para la transmisión oral es el verso: la épica rima. Los juglares sabían de esto. Los trovadores, también. Cuando la epopeya empezó a fijarse por escrito, se seguía haciendo en verso, porque la representación era aún oral. Y porque la poesía gozaba de un prestigio que hoy no imaginamos. 

Pero andando el tiempo, las costumbres cambian y el gusto por las novelas y la lectura individual se impone. Entonces, los cantares de gesta, así como los roman de caballería (que también estaban en verso), se prosifican, se pasan a este lenguaje sencillo y directo en el que me estás leyendo ahora mismo. Y con ello, las historias también se alargan, crecen, se complican, porque ya no es necesario decir todo en un solo canto, sino que se puede leer a lo largo de un invierno. Por otro lado, los viejos cantares en verso tienen tanto prestigio por su antigüedad que en ocasiones pasan a ser fuentes que integran las crónicas oficiales. En algunos casos, el escriba incluso conserva parte de la rima, de modo que si uno lee en voz alta la crónica… descubre el cantar. 

¿A qué viene todo esto? Bueno, si has abierto Crónicas de una espada te habrás dado cuenta que está escrita en prosa. Y que sin embargo, cada Canto (y el nombre de la división no es azaroso) comienza con unos pocos versos libres. Además, sobre todo cuando interviene Róberick de Angrados, hay poemas que se cuelan en la narración. Pues bien, esta es la idea: debe haber existido un cantar, o un ciclo de gesta dedicados a la Segunda Guerra Druídica y a la intervención de Damián y sus compañeros. Los juglares cantaron sobre ello. Algún trovador debe haberlo puesto por escrito. La prosificación que el lector tiene en sus manos ha salido seguramente de un viejo conjunto de crónicas imperiales que contaban lo sucedido basándose en esos cantos antiguos, y el editor habrá querido conservar en el título el prestigio histórico que le viene de la palabra “crónica”.

Finalmente, el título, Crónicas de una espada, aunque no suene tan bien como los títulos de los Cantos, revela algo más sobre este universo medieval que me he inventado y que ha “llegado” hasta nosotros con los mismos mecanismos de la Edad Media real. Y es que, aunque haya dragones de por medio, para que sea profunda la imaginación también tiene que ser realista. 

No por nada cuando envié los primeros manuscritos a concursos literarios firmé con el seudónimo de Róberick de Angrados. Sí, el mismo nombre del juglar que aparece abriendo la historia en el Canto I… y que la concluye en el V. 

Si vas a empezar a leer

Una guía corta para quien se asoma por primera vez:

El Tomo Único es la mejor puerta de entrada. Reúne los cinco cantos en un solo volumen.

Si prefieres ir de a poco, puedes empezar por El Lobo de Plata (Canto I), pero ten claro que solo cierra arcos parciales: la historia mayor exige los cinco.

Hay otras historias ambientadas en el mismo universo —Edward o El Caballero Verde, Orencio y Eloísa— que actualmente publico por entregas en el blog. No es necesario leerlas para entender la saga principal, pero amplían el mundo.

 

De la estructura general de la saga, la profecía de las siete espadas y el sentido del título conversamos en la entrevista que puedes ver aquí. El Tomo Único de Crónicas de una espada —los cinco cantos en un solo volumen, con todas las ilustraciones— está disponible en Amazon.



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