El Repertorio del Juglar
Es tiempo de oír historias.
Orencio y Eloísa
Edward o el Caballero Verde
Otros relatos
Hay otras historias que no son más que un momento, una alución hecha sobre algún evento pasado y menos explorado por las narraciones principales. Probablemente no se transformen nunca en libro, pero como relato corto que son enriquecen el imaginario de las Tierras Occidentales. A continuación, las que encuentras en este blog:
- Elena abandona Nifrán
- Día de caza
- El último caballero dragón
- La Orden de Montdragón
Versos y prosa poética
Cuernos de guerra se han levantado.
Horribles y oscuros, su son el mundo llena:
son los hombres, los pueblos que a su señor niegan.
Avanzan tambores, se confunden los corazones.
El entendimiento se ciega, la voluntad se ceba:
los unos con la boca le profesan mas con los hechos le olvidan
y los otros con toda el alma todo lo niegan.
¡Terrible destino! Así como las arenas en el bravo mar se deshacen
de ese modo desaparecen, muriendo y luchando,
quienes con valor lo eterno defendieron.
Una sombra se proyecta, como muro que aplasta.
Cayeron los soberanos y la luz se esconde,
es este el tiempo, es esta la noche, de los cerrojos y de las tinieblas
que toda verdad y luz niegan.
Mas una voz desde lo más bajo se ha elevado.
Son los pobres y los humildes quienes claman:
¿dónde está el poderoso? ¿Dónde está nuestro amparo?
Y una luz rasgó la oscuridad,
un brazo poderoso rasga el velo de las sombras.
Que clamen las trompas, canten los vientos:
una luz se enciende en las tinieblas, y el brazo fuerte las disipa,
siete son las antorchas, y tres de ellas brillan como el sol.
Oíd bien y entended:
Las cuatro primeras son refugio y defensa de los pueblos,
las otras tres son su salvación.
Los tres filos se revelarán,
saldrán de su escondite y las cadenas se romperán.
Como columna de fuego es el primero
que con luz nueva ilumina el entendimiento
y disipa las tinieblas del error.
El segundo es como el diamante
que taja y corta cadenas y hierros:
así destroza los temores que atan la voluntad.
El tercero a muralla firme se asemeja,
en la que resistir y vigilar conviene
soportando del tiempo el pasar.
Siete son estos aceros.
Cuatro en manos de los fuertes se perderán.
Tres, en manos de los débiles,
la salvación a su tiempo conseguirán.
Levantad el ánimo defensores de lo eterno,
que aunque hayáis muerto viviréis
pues vuestra causa el brazo fuerte ha tomado
en vuestra defensa ha acudido
y la victoria final ha asegurado”
¡Oh, Siar!
¡Ciudad que no tiene igual!
Oye quién te canta, ciudad de mis amores,
pues como tú no hay otra bajo el sol:
de montañas cortejada, tienes tus pies en la mar,
y por la mar vengo yo
¡Oh, Siar!
Después de tanto viajar.
Veo ya tu costa y exulta mi corazón,
porque la que yo amo me espera con devoción,
tras tus blancas murallas, que relumbran bajo el sol
por tus calles empedradas,
a la sombra del castillo
me espera allí mi amada
—ya no sé qué hacer con mi corazón—.
¡Oh, dulce navío! Recala ya en Siar,
que sus campanas anuncien
que me quiero casar,
suene por mí el cuerno, ¡sí!
A casa ya volví: óigame todo el orbe
de Siar no me iré ya jamás.
Escuchad todos, mi lengua está presta
Y entona la historia de un caballero;
A mi memoria ya viene la gesta
De a quien todos confiesan gran guerrero.
A vuestras dudas daré yo respuesta
Oíd, entonces, el relato certero
No suficientemente celebrado
Del famoso varón, Aton llamado
Corría a la sazón el tiempo antiguo
Y érase un rey en un lugar lejano
Allende el mar, en un reino no exiguo:
Caro era al pueblo el grande soberano
Y temido en el estado contiguo.
Mas años se iban de invierno a verano,
Sin que naciera ningún heredero,
Hasta que por fin se engendró el primero.
Aton fue el nombre que dieron al niño,
Creció en virtud y fuerza exuberante
El que un dí ostentaría el real armiño.
En batalla triunfó siempre campante
Acrecentándose del rey su cariño
Mas la fortuna hízole hidalgo errante:
Con rencor le veían sus enemigos
Que del senil rey arrancaron castigos.
Su heredad abandonó el héroe nuestro
Opuesto contra su rey injustamente
Sus rivales venció con brazo diestro
Varias veces y a todos igualmente
Mas conociendo su propósito siniestro
De buscar matarle traidoramente
De su patria se marchó en cruel exilio
Y arribó a estas costas a dar su auxilio
Halló en estas tierras occidentales
De peligros en ese entonces plenas
Ocasión de remediar varios males
Creciendo así su fama por docenas:
Se contaban sobre él historias tales
Que a pedir solución para sus penas
Vinieron desde Siar los mensajeros
A implorar la ayuda de sus aceros:
Cerca de la ciudad era un gigante
Que cada dieciséis días saqueaba
Y aniquilaba a todo caminante,
Luego en las montañas se refugiaba
Y a Siar de luto dejaba paseante.
A todo aquel que enfrentaba, mataba,
Pues nadie era como él tan poderoso
Y así el terror quedaba victorioso
Escuchó Aton con atención la historia
Y presto encaminó al lugar el paso
Resuelto a alcanzar por Siar la victoria
Arribó a este gran puerto hacia el ocaso
Con su fiel escudero tras la gloria
Y sólo su espada y su fuerte brazo.
Trepó al día siguiente la montaña
Y subió a la cumbre a enfrentar la hazaña.
Halló una cueva entre la nieve eterna
Y agotado a descansar se dispuso
Sin saber quién moraba en la caverna:
Arremetió el monstruo horrible al intruso
Y en el ataque le aferró la pierna
Y arrojóle afuera herido y confuso.
Nada pudo hacer ya el buen escudero:
El gigante estaba sobre el guerrero
Rápido se levantó el caballero
Por poco el golpe mortal evitando,
Mas el gigante era gran pendenciero
Dispuesto fiero a continuar luchando,
Aferró en una mano al escudero
Con una maza su ira descargando:
Se inició así titánico combate
Sin fin sino hasta que uno al otro mate
Por todo un día duró la batalla
Enfrentándose la maza y la espada
Los golpes y cortes ninguno falla
La nieve estaba de sangre regada
Pero el arrojo de Aton nada acalla:
Con gran voz la bestia deja ensartada
Por el corazón pasó el frío acero
Y abandonó la vida al monstruo artero
Llegó así a su fin la feroz contienda
Pero recibió Aton letal herida.
Se esforzó el escudero en darle enmienda
Sin lograr sujetar en él la vida
Al Cielo el caballero se encomienda
Y el escudero con dolor le cuida
Hasta que allí le arrebata la muerte
Ganando la honra que en héroe convierte
Así llegó a su conclusión la gesta
Así Siar se libró del cruel gigante.
Así alcanzó Aton gloria manifiesta
Así fue que la montaña descollante
Alta y enorme sobre toda otra cresta
Donde el guerrer venció a su contrincante,
Recibió al fin el nombre que hoy le es dado:
Pico de Aton de todos es llamado.
Oiréis ahorasi queréis escucharme
de vientos violentoscargados de espada
De un tiempo pasadode discordias armadas:
Cuando ambiciosos señoresla unión desgarraban
Para conseguir de podermísera tajada.
Levaron las manosde hierro cargadas
Contra las tres coronasen amenaza descarada.
Fuerte quebrantohubo entre arvernos
duros díasen la raza turdetana
Mas en favor de ambos reinoslevantose una espada
La de Vigencio el soberanode la nación longobarda
Que imperó con gloriaen la dura batalla
Y para siemprela unión dejó garantizada
Desde ese día en Dáladonse sienta un emperador
El que solía ser de los longobardosel rey batallador
Y el Reino de las Tres Coronasse hizo Imperio tres veces coronado
Pues los reyes junto al emperadorunidos desde entonces han gobernado.
Pero las lenguasde serpientes ponzoñosas
Quisieron empañarla gesta gloriosa
Aquellos que por el acerovencidos lloran
Mentiras levantan,la verdad deforman:
Dijeron: “Vigencio reyel poder amontona
Quiere el soberanotener la única corona
Y pronto a los otros pueblosoprimirá en las sombras”
Entonces el emperadorque con los reyes gobierna
Las cortes reúne,consejo celebra
“Decidme, señores,con palabras certeras
Pues nuestros enemigospronuncian embusteras”
Levantose Odelia,sabia consejera,
Mujer excepcionalde antigua estirpe arverna.
Habló con sabiduríaque la memoria hoy festeja:
“Recuerda, oh rey,que en Dáladon imperas
La historia de los pueblosque hoy con los reyes gobiernas
Cuando las bestias monstruosasa los hombres persiguieran
Y sus garrassobre todos se cernieran
Hubo tres nacionesque les hicieron la guerra
Arvernos, longobardos y turdetanosla Alianza cierran
Y ayudados por el Creadorresisten a las bestias abyectas.
Desde entonces los tres pueblosen uno solo se mezclan:
Tan solo entre nobleslas diferencias restan.
Tres coronas tiene Dáladonmas el alma es una
Derrotados estánlos que hoy murmuran
Si sigues hoy, señor,mi palabra sesuda:
La unidada vista de todos festeja
Mas no la que con tu espadahoy nos aúna.
Vuelve tus ojosa la batalla primera
Que con fuerza brutalla Alianza venciera.
Que vean las gentesque de igual manera
Hoy con vos y los reyesla unión se asegura
Así si el enemigo pretendealzar contra vos sucia pugna
Nadie le seguirá: será su ruinay nuestra fortuna”
Gustó a los reyes el consejoy se mandó alzar un obelisco
Allí donde siglos anteslos pueblos formaron un único aprisco.
Prosificación de contenido perdido, a partir de las crónicas reales: en nombre de los reyes, regía entonces en las provincias del sur un caudillo, que era súbdito del rey turdetano, de cuyo favor gozaba. Bien mal había empleado, sin embargo, esa confianza, pues estando los bosques a su cuidado hubo de permitir la progresiva invasión de los anatolios, que venían del Este. Dicho pueblo, nómade aún, quiso instalarse entre los árboles y las ciénagas en que vivían los turdetanos, y al principio convivieron pacíficamente. En el Reino de las Tres Coronas no habían aún los caminos que luego se construyeron en la cúspide de la época imperial, y las comunicaciones eran muy lentas: esto, sumado a la revuelta de la nobleza, hizo que en Dáladon no se supiera de esta silenciosa invasión. El caudillo del sur, en cambio, decidió que más bien le valía tolerarla, y cuando los anatolios llegaron a ser más numerosos que el pueblo de las coronas, la situación se volvió violenta. Los bárbaros del Este eran en realidad una avanzada, enviada por el oscuro señor que regía desde hace un tiempo los destinos de esa nación: Keraunos, apodado el Trueno del Levante, un ogro poderoso y hechicero. A él los anatolios estaban sometidos, de él huyeron en el principio de los tiempos, hasta que llegaron a adorarle con auténtico culto. Obviamente, Keraunos era acérrimo enemigo de las coronas que habían vencido a sus congéneres en la guerra de las bestias, y contra ellas movía ahora al pueblo que había conseguido hacer cautivo.
El caudillo prefirió pactar con esos bárbaros, traicionando a su rey, bajo la promesa de ser él el señor de esa provincia. Nada de eso sabían en Dáladon, engañados por mentirosa correspondencia. Vigencio y su real consejo, luego de grandes fiestas celebrando la unidad del naciente Imperio, decidieron organizar una comitiva al sur para levantar un obelisco que conmemorara la fundación de la Alianza y pusiera fin a las disputas intestinas.
Los reyes de los pueblosactuar querían sin demora,
Como largo era el camino al surpensaron salvarlo surcando las olas.
Desde el archipiélagode infinitas islas famosas
Vino en su nave un aventurerode memoria honrosa
Argos fue su nombrede espada orgullosa
La que ciñó a su costadoen buena hora.
A él encargaron los reyesque condujera la comitiva
Al mando iría sir Bastiánlegado real de esa compañía
Y con él, el druida Onoriosabio que el futuro anticipa.
Oscuro sueño tuvo Onorioel día antes de la partida
La muerte, él decía,que sobre muchos se cernía.
Creyendo el rey turdetanoque a pestes del sur se refería
Dispuso que con ellosel caladrio también iría.
Era esta una ave blancaque curaba toda malatía.
Mientras surcaban las olasa bordo de la nave de Argos
Un brujo en el sural caudillo vino de parte de su amo
Díjole el anatolioque el futuro había escrutado:
“Se acerca una naveque te causará gran quebranto
Deja que use con ella mi artey a los espíritus vaya invocando:
Haré que perezcan en los maressin que de ellos quede ni el canto”
Invocó el hechicerola fuerza de Keraunos
Seguro de partir la navecon el rayo y los vientos raudos.
La tormenta se abatió ese díasobre la barca famosa
Mas no sabía el brujoque en ella iba la fuerza hermosa
Que actuaba en el druida Onoriovicario de la voluntad poderosa
Que es dueña de cielos y tierraque solo al Creador rinden obediencia pronta.
Prosificación: gracias al poder del druida Onorio, la delegación consiguió desembarcar a salvo, ante la atónita mirada del caudillo. Éste les recibió con falsa alegría, y la tripulación se maravilló de ver a los bárbaros entre la comitiva que vino a recibirles.
“Descuidad” les dijo el caudillo“estos son los del pueblo anatolio
Los que han venido del Estey que han venido a este golfo
De las bestias huyendopidiendo socorro”
“Han venido en buena hora”contestó Onorio
“Pues entre las naciones todassolo el Imperio a las bestias derrotó”
“De los reyes traemos cartas”sir Bastián en hablar se adelantó
Pues quiere el emperadorconocer el lugar en que la Alianza se fundó
El mismo en que la batalla del Dáladadhace siglos se libró:
Aquel en que por primera vezel hombre a las bestias venció.
¿Conoces, caudillo,el sitio al que me refiero?
“Lo conozco”respondió el embustero
“Está lejos de aquí,en los bosques envuelto
Y aunque para muchospermanece secreto
Mi memoria ha hechode él buen recuerdo.
En vuestra naveel río podéis remontar
En personayo os he de acompañar
Y con gustohabré de señalaros el lugar.
Mas hoy aguardadcomed y descansad:
No es bueno que el viajetan pronto queráis iniciar.
Dejad, que en honor de los reyesuna fiesta quiero dar
Conocer las noticias del nortey a todo el pueblo invitar”
Bien pareció a todosel prometido agasajo
Y a la sombra propiciadel barco de Argos
La real comitivaguardó tranquila el descanso.
Mientras tanto,el enemigo no dormía
Como el vientorápido partía
Y a sus aliadosen consejo reunía.
El malvado caudilloa sus amigos seguridad exigía
Si les entregaba al legado imperial¿qué es lo que a él le darían?
El líder anatolioa nombre de todos habló:
Grandes riquezasal caudillo prometió.
En nombre de Keraunosel hombre juró:
“Serás aquí señorcomo ninguno jamás antes vivió”
Con estas palabrasel traidor se regocijó:
Bien era cierto que a los anatoliosel pueblo estaba ya sometido
Y en breve tiempo esperabaver a todos ante él rendidos.
Con este pensamientocon falso gesto de amigo
A los enviados de Vigencioy de los reyes volvió el enemigo.
Gran banquete en su honorel mentiroso había ofrecido
Y con prontitudesta sola palabra hubo cumplido.
Extrañole a Argos,el sagaz navegante,
Que en la fiesta los sirvientesfueran todos imperiales
Y en cambio los asistentesanatolios totales.
¿Cómo es que la servidumbreera de la Alianza gente
Y en cambio los convidadosextranjeros corrientes?
Quiso saber más,el soldado valiente,
Pero no pudo indagarentre los presentes:
Algo temíanesas buenas gentes
Y con pavor callabanpara no ser oídos por el dirigente.
Pareciole a Argos que el pueblosometido estaba al extranjero
Y así lo dijo a sir Bastiánlegado del poder verdadero.
El noble comandantequiso aclarar el asunto
Y preguntó imprudenteal caudillo astuto.
Este le respondió,con pensamiento agudo:
“No os preocupéis,el pueblo es libre en lo suyo
Serviros a vos, legado del rey,es un orgullo
Que al bárbaro no se concede,solo al libre cupo”
Con estas palabrascerró el malvado su truco.
Acabó la fiestalos días pasaron
En la nave de Argostodos embarcaron
Por el Dáladad arribaligeros navegaron.
Perderlos procurabael caudillo malvado
Mas Argos era buen capitán,no pudo engañarlo:
Pasaron por aldeasy pueblos alejados
Bien pronto supo el héroeque la verdad habían ocultado.
El pueblo fiel sufríabajo el yugo extraño
De los terribles anatoliossirvientes de Keraunos.
Gracias a hombres lealesen el bosque refugiados
Conoció Argos que el caudillose disponía a emboscarlos.
Cuando aquel día llególe halló preparado
¡Señor! Que bien combateel guerrero legendario
En el medio del mismo claroen que luego el Obelisco fue alzado
Se batió con valorpor los del bosque ayudado
Allí el caudillofue por fin desenmascarado
Mas en medio del ataquefue muerto el legado.
Gran dolor y rabiade todos se hubo apoderado:
Sir Bastián cayóa la manera de los bravos
Su sangre se vertiócomo funesto presagio.
Se replegó Argospor los anatolios asediado
Volvió a su navepor Onorio acompañado
Un grito de guerraen los bosques fue escuchado
Es Argos el héroeel que por todos ha clamado.
En medio del pantano,junto al sureño océano
Se alza imponenteduro collado
Allí se hacen fuertesArgos y sus soldados
Los anatoliosla península toda han rodeado
Sobre esa peñaun día Calidia se habrá alzado
Mas entonces no era másque roca y barranco.
La situación fue entoncespara todos desesperada
Entre el mar y el pantanoestaba la hueste encerrada
Y lo peor de todo:los reyes de nada se enteraban
¿Es que habrían de morir allícomo si nada?
Gracias a la virtud del caladrioel druida las heridas curaba
Mas no podrían resistir por siemprecontra toda esperanza.
Confió entonces Argosen acudir a las cabezas coronadas:
Debían enterarse prontode cuanto en el sur pasaba
Enviaron entonces al caladrio,en su pico las cartas:
La milagrosa avevolar debía rauda
Con el mensaje hasta Dáladonpidiendo ayuda sin tardanza.
Pasaron los días,en cruenta batalla,
Hasta que desde el nortese vieron las plumas blancas
No era otro que el caladrioque traía en sus garras cartas
La firma era del reyde la turdetana raza
Y con el sello del emperadorvenía corroborada.
Se alegraron Onorio y Argosal ver las letras esperadas
Mas de sus ojos se fue el brilloy huyó la voz de las gargantas
Cuando con pesar oyeronduras las reales palabras.
Pesábanle al rey las noticias,al emperador también pesaba
Entendían los soberanosque el sur perdido estaba.
Del terrible Keraunos y del pueblo anatoliodecían saber nada,
Pero que si los bosques eran peligrososque pronto los abandonaran:
Suban las gentes a la nave,y las velas desplieguen amplias
No era sensato dar batallapor tierra así lejana
Dispensados quedaban todosy bien podían tornar la espalda.
Con pesar oyeron las cartasel pueblo, Argos y Onorio
Nunca como ese díael silencio fue tan rumoroso.
Paseó sus ojos el guerreroel navegante poderoso
En buen hora ciñe la espadahombre tan valeroso:
Sus ojos paseabanescrutando los rostros de todos,
Vio gentes cansadaspero de brazos animosos.
Viéronle los hombresalto y hermoso
En su mano la robusta lanzala espada en reposo
Junto a él el viejo Onoriode cayado ñudoso.
El silencio se tensócuando Argos habló orgulloso:
“Escuchadme amigos míosatended bien a mis palabras
Sabéis muy bien a qué hemos venido:el emperador nos confió misión clara:
La de reencontrar el lugarde la fundación de la Alianza
Y levantar allí un obeliscocomo voto que la gesta recordara.
¿Mas cual es esa gestaque habíamos de rememorar?
¿Cuál el alto hecho que la piedrapara siempre ha de contar?
Lo conocéis todos:que en estos bosques se gritó libertad
Que en ellos el acero reluciócontra el yugo bestial.
Otra vez se levantan contra el Imperiohombres mandados por un ogro fiero
Monstruo del bestial géneroque dicen además es hechicero.
Por él los anatolios combateny pretenden estas tierras someter al miedo
Deshonrando así la sangreque se vertió en este suelo.
Los reyes retirarse aconsejandando por vano el intento
Y para siempre perdidoeste momento.
Mas yo ahora a vosotros me dirijoy os pregunto:
Si yo que de las islas vengoy no soy de este terruño
Dispuesto estoy a lucharpor lo que considero bueno
¿vosotros que sois nativosme seguiréis en esto?
¿O preferiréis partir en rápida naveal norte ameno?
Si alguno teme a la bestiao a los hombres al ogro sujetos
Recuerde el testimoniodel futuro monumento
Que a levantar vinimosa estos pueblos:
Ya una vez a los monstruos vencimosno será vano el intento
Seguro estoy,que con el Creador combatiremos
Y aunque fuésemos muertosjamás vencidos seremos
Por mucho que uno se empeñeno puede derrotar al cielo
El acero brillará claroel sur será liberado
Pues hoy ha llegadoel día señalado
En que el pueblo enseñede fidelidad a los soberanos
¿Cuál es vuestro grito?¿estáis o no a mi lado?”
Con aladas palabrasel héroe había hablado
Y el pueblo se mostródel todo confortado
Sin mediar un segundo“guerra” fue el grito gritado.
Prosificación de las crónicas reales: la guerra del sur duró dieciséis años de combates entre los bosques y pantanos. Gracias al valor de Argos y sus hombres, el territorio fue recuperado palmo a palmo. Cuando las hazañas llegaron a oídos de la corte imperial, los reyes se decidieron finalmente a enviar los refuerzos necesarios, aunando así las voluntades a una causa común y reconectando definitivamente el primigenio sur al resto del Imperio.
Esta loa fue compuesta sobre la marcha, oralmente, con ocasión del recibimiento de sir Edward, recién armado caballero, en su pueblo natal de Uterra. La intención era ciertamente alabar al joven caballero, e informar sobre sus hechos de armas durante su primera época de formación en el marquesado de Nedrask y antes de recibir el adobamiento. Sin embargo, el tiempo solo nos ha transmitido una parte de las rimas del juglar, dejando lagunas sobre las primeras hazañas de sir Edward. El final del canto nos es desconocido, y es probable que Ulfbardo nunca rematara la composición.
No es necesario, amigos,
que os recuerde quién es el hijo de Uterra,
el que un día dejó esta tierra…
En vuestro rostro, amigo, veo la mueca
que mi frágil arte ha dejado
pero espero que al final mi canto venza
y el hecho sea más que el verso recordado:
es mucho lo que debo aún decir
de cuanto Edward allá lejos hubo de cumplir.
Querréis, amigos, que de los bárbaros os cuente,
que os hable de la guerra, que alabe la frontera,
que hable de la vez en que mi señor aseguró un puente
o de sus aventuras protegiendo nuestra tierra.
Mas son tantas las cosas por cantar
que no me decido a por donde empezar
¿Queréis oír de su brazo y de su espada?
Bien joven recibió la orden que en caballero convierte
¿O preferís saber por qué el marqués le amaba?
¿O quizá he de cantar sobre su audacia y su temple?
¿Por dónde he de comenzar?
¡Hay siempre tanto que narrar!
(…)
Pasó el tiempo y creció el noble escudero.
En breve espacio el momento fue llegado
Y llamole el marqués: fue armado caballero.
Aunque «sir Edward» desde entonces debe ser llamado
nuestro señor no ha querido escoger aún blasón:
no lo hará hasta cumplir una gesta que aquiete su corazón
(…)
Cabalgábamos, amigos míos, el corazón en el regreso
cuando por el camino sucedió gran maravilla
mis ojos la vieron: iba yo con él, que no os miento.
Un canto hermoso oímos, como de avecilla
y luego la vimos descender del firmamento
Rojas eran sus plumas, ardientes como el fuego
detuvo su avance, sobre nosotros círculos trazó en el cielo:
sir Edward, os lo juro, la reconoció de inmediato
dijo que era el fénix y no otro el que así nos salió al paso.
Las gentes en Dáladon…
Oíd y recordad esta es la Regla del caballero.
Vuestra espada es la protección del débil, el refugio del desposeído, la fortaleza del pequeño. Atended bien: no la desenfundéis jamás sin razón, y nunca la enfundéis sin honor. El caballero debe lealtad absoluta a su señor y debe vivir sólo para servir al desvalido. Entended: sois el brazo de la justicia.
Sed comprensivo con vuestros hombres, jamás ordenéis algo que vos mismos os rehusarías a hacer. Aborreced la iniquidad, someted vuestras pasiones, vivid rectamente y según la virtud
Desterrad la cobardía y vivid cara al Creador. Vuestras armas nada valen y vanos serán todos vuestros esfuerzos como estéril yermo si no rendís a Él el debido culto y lealtad: vuestra fidelidad en todo momento, y vuestro primer deber, es para Él ¡hay del que lo olvide! Su espada será herrumbre y su brazo se romperá como varilla seca. Estad siempre prestos a defender su causa, por fuerte que sea el enemigo. Traidor y reo por siempre quien traicione al Creador, aunque a bestia hubiera de enfrentarse.
Honor, victoria, salud y paz para el caballero que viva fielmente esta Regla
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